Dejarlas Partir (versión Pablo Cronopio)
Hay recuerdos que uno no guarda: se quedan solos, como perros fieles que nunca aprendieron a irse. A veces me despierto con la sensación de que llevo demasiadas vidas adentro: la risa de alguien que ya no está en mi hombro, el olor a carreteras que no volveré a recorrer, mi sombra más joven mirándome desde un retrovisor, preguntándose en qué momento dejó de ser él y empezó a ser yo. Todo lo que fui late todavía, como si el tiempo no fuera una línea sino un acorde que vibra distinto cuando lo rozo. Yo no sé explicar por qué hice lo que hice. Quizás fue para romper una quietud que me estaba apagando, para darme cuenta de que para crecer a veces hay que dejar que algo se quiebre, como una rama que se corta para que brote otra más fuerte. Nunca quise destruir nada, pero entendí tarde que cada golpe maestro —en la cancha, en el alma, en una calle vacía— no solo rompe el aire: también me rompe a mí, y en esa fractura encuentro un pedazo nuevo de mí mismo. Las cos...