Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2025

Dejarlas Partir (versión Pablo Cronopio)

  Hay recuerdos que uno no guarda: se quedan solos, como perros fieles que nunca aprendieron a irse. A veces me despierto con la sensación de que llevo demasiadas vidas adentro: la risa de alguien que ya no está en mi hombro, el olor a carreteras que no volveré a recorrer, mi sombra más joven mirándome desde un retrovisor, preguntándose en qué momento dejó de ser él y empezó a ser yo. Todo lo que fui late todavía, como si el tiempo no fuera una línea sino un acorde que vibra distinto cuando lo rozo. Yo no sé explicar por qué hice lo que hice. Quizás fue para romper una quietud que me estaba apagando, para darme cuenta de que para crecer a veces hay que dejar que algo se quiebre, como una rama que se corta para que brote otra más fuerte. Nunca quise destruir nada, pero entendí tarde que cada golpe maestro —en la cancha, en el alma, en una calle vacía— no solo rompe el aire: también me rompe a mí, y en esa fractura encuentro un pedazo nuevo de mí mismo. Las cos...

Pablopedia & Pablo Cronopio

  (Escena lúdica, surreal y absolutamente razonable) Aquella mañana, Pablo Cronopio llegó a la cancha diez minutos antes, lo cual, para un cronopio responsable, equivale a llegar una hora tarde pero con el corazón más liviano. La luz entraba por la ventana diagonal, esa que siempre parece haber sido diseñada por un arquitecto que también era poeta. Cronopio dejó su raqueta en el banco, bostezó en espiral (los cronopios jamás bostezan en línea recta) y estaba a punto de empezar el ritual del primer saque cuando escuchó una voz a su izquierda: —Disculpá, pero hoy sirvo yo. Se giró y vio a Pablopedia. Sí, sí, a Pablopedia: prolijo, ordenado, con la muñequera perfectamente alineada cinco milímetros por debajo del hueso exacto, la raqueta sujeta como si sostuviera una tesis doctoral sobre la aerodinámica del top-spin. —¿Vos? —dijo Cronopio, rascándose una idea detrás de la oreja—. ¿Por qué vos? —Porque —respondió Pablopedia muy serio— hoy corresponde. Ayer sirvieron los ...

“Pablito cronopio” (mini)

Pablo era un cronopio que cada mañana despertaba con tres ideas nuevas en la cabeza: una para un golpe que todavía no existía, otra para un truquito de patineta que saltaba entre sus neuronas, y la última para una canción que se le había escondido debajo de la almohada. Las ideas no venían solas: hacían fila, curiosas, como pequeñas luciérnagas. Pablo las miraba con un cariño de domingo a las siete de la tarde, cuando uno sabe que la vida sigue, pero también sabe que sólo vale la pena si uno hace algo inesperado con ella. Y así, cada día, Pablo cronopio iba recogiendo sorpresas: una pelota que se dejaba acariciar por la física, una rueda que caía exactamente donde él la soñó, y un acorde que le guiñaba el ojo como diciendo: “al final, ¿viste?, te estaba esperando.” Las tres luciérnagas se reían, porque sabían que la alegría de Pablo siempre llegaba por sorpresa, y que en el fondo esa era su manera más tierna de estar vivo.