"Se me va la vida..."

 

Disfruto mucho el conducir mi automóvil; como en todo, soy de clásicos. Cuando voy en la carretera, la comodidad es suprema…estoy en mi lugar feliz. En la radio suena algún jazz, un episodio de un podcast en internet, quizá, y me gusta pensar que, si en si mismo el tiempo no fuera algo lineal, estaría esa misma radio transmitiendo algún programa sorprendentemente interesante, en una Estación de Radio Cultural como las de antaño, donde toda la semana anunciaban un Especial de Vivaldi, el sábado a las tres de la tarde, imperdible, o cosas por el estilo que había que sintonizar para aprenderlas.

              Mi auto es eso, una máquina del tiempo, y como máquina del tiempo, siempre ha estado ahí y al mismo tiempo no. Su estrella en la nariz le hace resaltar de todos los demás automóviles pues ya no los diseñan así, y aun así, le puedo hablar, como a todo auto moderno. Le hablo a mi auto y me responde, como lo solía hacer su  contemporáneo KITT en el Auto Fantástico allá por los ochentas, pues mi auto tiene de auto lo fantástico, sin duda. El tiempo parece no pasar, incluso existir, al conducir para mí.

              Por eso estoy siempre presente en el momento, no solamente porque conducir requiere todas mis habilidades atentas y alertas en todo momento, sino, porque, además, en un sentido más metafórico, estoy anclado al momento. Escucho el motor ronronear, las luces parpadear, las notas de la música una por una…y la vida está sucediendo ahí mismo para mí, donde reflexiono activamente las maravillas del espacio/tiempo, por lo cual, ningún despiste ajeno me roba la paz, pues siempre estoy un paso delante de los posibles mil escenarios en una intersección, por ejemplo. Y voy feliz, en tránsito.

              Con curiosidad es que, el otro día, tuve un momento de introspección, pues en un parada de semáforo, sin pensar mucho en que estaba pasando, la luz cambia a verde, y yo me dispongo a inhalar y exhalar antes de acelear, para continuar el camino en la senda del tiempo, cuando de pronto, un auto me raya por la izquierda, al tanto que acelera escucho a su conductor gritarle a Dios “se me va la vida”, lo cual me creó un diálogo interno, pensé con cariño, que la vida no nos está esperando en algún lugar, más bien es aquí y ahora.Y si la vida se nos va... ¿adonde va a dar ?

              Esto, por supuesto, me sembró más pensamientos: la vida nos espera, realmente, en algún lugar de la curva del tiempo, algo como “acá está al fin esa meta”, hay que trabajar a diario por esa meta, por supuesto, pero "porque sé que me está esperando allí adelante". Esa es una forma de manifestar lo que quiero, quizá, se me va vida y yo sigo sin ser ingeniero, es una línea de pensamiento que podría tener alguien. No es mi estilo, pero lo podría comprender, pensaba.Y el camino, se vale disfrutarlo también, me decía.

              Cuando aquel automóvil que me rebasó, iba ya a mitad de la otra cuadra, entonces me di cuenta, de que era momento de continuar mi viaje, no vaya a ser que los autos de atrás también piensen que la vida se les va si no piso el acelerador en la luz ya en verde, tanto el auto como mi mente, entonces continuaron, lo último que recuerdo antes de tomar una salida a la derecha y perder ese auto de vista, fue desearle buena suerte , y susurrar para mi mismo “ojalá la vida lo espere”, pues es una tragedia eso de que efectivamente, se nos vaya la vida, esperándola en el horizonte o se nos escape como arena dorada de playa entre nuestros dedos…pues la vida es, al fin y al cabo,  lo que hacemos con ella a diario.

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